Bette Davis cambió de casa decenas de veces a lo largo de su vida. Algunas fueron simples paradas en el camino; otras se convirtieron en auténticos refugios. Desde las primeras viv6iendas familiares de Nueva Inglaterra hasta su espectacular residencia frente al Atlántico, sus hogares cuentan una historia paralela a la de una de las grandes actrices del Hollywood clásico.
Bette Davis pertenece a esa generación de estrellas cuya vida parece inseparable de la historia de Hollywood. Ganadora de dos premios Oscar y protagonista de películas como Jezabel, La loba, Amarga victoria o Eva al desnudo, fue también una mujer que se resistió a buena parte de las reglas impuestas a las actrices de su época.
Sin embargo, detrás de la imagen de la intérprete poderosa y combativa había una mujer profundamente vinculada a la vida doméstica. Davis llegó a afirmar que había vivido en al menos 75 casas y llegó a comparar la adquisición de viviendas con la manera en que otras mujeres compraban joyas.
Cabe decir que algunas las alquiló y otras las compró, pero no hay constancia de que hiciera negocios inmobiliarios. De hecho, su extraordinario número de domicilios parece responder mucho más a su carácter «nómada» y a su búsqueda constante de una casa que le gustara que a una estrategia de inversión. Architectural Digest recoge que la propia Davis calculaba haber vivido en unas 75 casas y que se consideraba una «nester», alguien que continuamente improvisaba su nido.
Una infancia en la que el hogar dejó de ser algo seguro
Bette Davis nació en Lowell, Massachusetts, en 1908. Su infancia estuvo marcada por la separación de sus padres. Cuando tenía alrededor de siete años, su padre abandonó a la familia, una experiencia que la actriz recordaría muchos años después y que relacionaría incluso con algunos aspectos de su vida sentimental.
Su madre, Ruth, y su hermana Barbara —conocida como Bobby— fueron las personas que permanecieron a su lado.
La familia se trasladó en distintas ocasiones y aquella sucesión de viviendas acabaría formando parte de la personalidad de Davis.
Quizá por eso la actriz desarrolló una relación especialmente intensa con la idea de hogar. En sus memorias reconocería que siempre había estado «jugando a las casitas», como si aquel juego infantil hubiera continuado durante toda su existencia.
Bette Davis de niña junto a su hermana Bobby y sus perro.
Hollywood y una interminable colección de direcciones
Cuando Davis llegó a California, tampoco encontró inmediatamente un lugar definitivo.
En 1932, mientras su carrera comenzaba a despegar, llegó a cambiar de vivienda varias veces en un mismo año. La actriz compartía entonces su vida con su madre, su hermana y, tras su matrimonio con Harmon «Ham» Nelson, con su primer marido.
Uno de aquellos domicilios estaba cerca de Zuma Beach, en Malibú. Poco después llegaría una casa que la propia Davis recordaría con especial cariño: una vivienda blanca cubierta de hiedra situada en 1217 Horn Avenue, en West Hollywood. La actriz la describió en sus memorias como una especie de casa de ensueño. Su madre y su hermana disponían incluso de una pequeña vivienda independiente situada en la parte posterior.
La casa reunía varias de las características que Davis buscaría posteriormente en otros domicilios: intimidad, espacio y una cierta sensación de independencia respecto al bullicio de Hollywood.
La vivienda de Horn Avenue, en West Hollywood, fue uno de los hogares que Davis recordó con especial afecto durante sus primeros años en California.
Una estrella, sus perros y un jardín
Si había algo que acompañaba a Bette Davis independientemente de la dirección en la que viviera eran sus perros.
La actriz sentía una auténtica devoción por ellos. Su compromiso llegó hasta el punto de convertirse en presidenta de Tailwaggers, una organización dedicada a ayudar a perros abandonados o perdidos.
Una fotografía de 1933 la muestra en el jardín de su casa de Brentwood Heights junto a dos de sus animales: Sir Cedric Wogs, un terrier Sealyham blanco, y Tibby, un terrier escocés.
Las imágenes domésticas de aquellos años muestran una Bette Davis muy diferente de la mujer de carácter feroz que el público conocía de la pantalla. En casa, rodeada de animales y jardines, aparece relajada y alejada de la solemnidad de los grandes estudios.
Bette Davis con sus perros en el jardín de su casa de Brentwood Heights, en una fotografía de 1933.
Coldwater Canyon: una casa de estrella
En 1937, Davis se instaló en 1700 Coldwater Canyon Drive, una propiedad que reflejaba ya la dimensión que había alcanzado su carrera.
La casa tenía aproximadamente un acre de terreno y reunía algunos de los elementos característicos de las grandes propiedades californianas de la época: piscina, pista de tenis y amplios espacios exteriores.
El biógrafo Ed Sikov la describe como una vivienda de estilo hacienda. En las fotografías de aquel periodo aparece una Davis doméstica, sentada en el salón o disfrutando del jardín, mientras su fama continuaba creciendo.
El césped tenía además una función recreativa. Davis era conocida por su afición al croquet y llegó a ser considerada por publicaciones de la época como una de las mejores jugadoras del Hollywood de aquellos años.
Bette Davis en su residencia de Coldwater Canyon, donde disfrutaba de una amplia propiedad con jardín, piscina y pista de tenis.
Una actriz que prefería un libro a una fiesta
Existe otra característica de las casas de Bette Davis que resulta especialmente reveladora: eran lugares donde podía aislarse.
A diferencia de la imagen social asociada a las grandes estrellas de Hollywood, Davis disfrutaba pasando largas horas en casa leyendo. Según el biógrafo Ed Sikov, prefería en muchas ocasiones sentarse tranquilamente con un libro antes que acudir a reuniones y fiestas.
La afición era tan intensa que llegó a convertirse en motivo de tensión durante su primer matrimonio. Davis podía seguir leyendo libros o manuscritos incluso cuando había invitados en casa.
En una fotografía de 1941 aparece precisamente leyendo el guion de un programa de radio de CBS.
Bette Davis leyendo en su casa un guion para un programa de radio de CBS, en 1941.
Una casa con establos en Glendale
Para 1942, la actriz vivía en 1705 Rancho Avenue, en Glendale.
La vivienda era de estilo Tudor y, pese a resultar más discreta que otras residencias de Hollywood, disponía de una considerable extensión de terreno. La propiedad tenía aproximadamente dos acres, piscina y establos, además de acceso directo a rutas para montar a caballo.
Una descripción publicada por The New Yorker en 1943 destacaba precisamente el carácter excepcional de aquella combinación de vivienda y terreno dentro de la colonia cinematográfica.
Una vez más aparece el mismo patrón: Davis buscaba espacio alrededor de la casa. El jardín, los animales y la posibilidad de disfrutar del exterior parecían ser tan importantes como la vivienda propiamente dicha.
Malibú: la casa junto al océano
En 1950, Bette Davis se casó con el actor Gary Merrill, con quien había coincidido en Eva al desnudo.
La familia necesitaba espacio. Davis ya tenía una hija, Barbara (la cual escribió pestes sobre la relación con su madre, desgaciadamente), nacida de su matrimonio anterior con William Grant Sherry, y posteriormente ella y Merrill adoptarían otros dos hijos.
Durante un tiempo, la pareja se instaló en una casa frente al océano en Malibú.
La vivienda adquirió un carácter especialmente familiar. Mientras Merrill se encontraba en Alemania rodando Decision Before Dawn, Davis se ocupó de trasladar a la familia y de organizar la nueva casa.
«Witch way»: el gran refugio de Bette Davis en Maine
Si alguna de las casas de Bette Davis puede considerarse especial, es probablemente la que encontró en Cape Elizabeth, Maine.
Durante buena parte de los años cincuenta, la actriz vivió allí con Gary Merrill y sus hijos. La propiedad se encontraba frente al Atlántico y ocupaba alrededor de ocho acres.
La historia de cómo encontraron la vivienda parece sacada de una película. La familia llegó hasta ella después de tomar por error un camino largo y arbolado. Davis decidió bautizar la propiedad como «Witch Way», un juego de palabras relacionado con la dirección que habían tomado (which way y con la historia de una supuesta bruja (witch) vinculada al lugar.
La residencia se convirtió en uno de los grandes refugios familiares de la actriz. Tenía tres plantas, estaba construida en madera y se encontraba junto al océano. La finca contaba además con un estanque que podía utilizarse para patinar durante el invierno.
La antigua propiedad de Bette Davis en Cape Elizabeth, Maine, conocida como «Witch Way», se encuentra junto al Atlántico. La finca fue posteriormente puesta a la venta y finalmente se vendió en 2025 por 13,4 millones de dólares.
El hogar que la devolvió a Nueva Inglaterra
Maine tenía además un significado sentimental para Davis. Había nacido en Massachusetts y, después de décadas viviendo entre California y distintos domicilios, regresar a Nueva Inglaterra suponía recuperar un paisaje que conocía desde la infancia.
La casa de Cape Elizabeth era muy diferente de las viviendas asociadas habitualmente con Hollywood. Allí el océano, el jardín y el clima marcaban el ritmo de la vida cotidiana.
La propiedad se convirtió en el escenario donde Davis crio a sus hijos (la propia más los adoptados) durante buena parte de aquella década.
Décadas después, cuando la vivienda volvió a aparecer en el mercado inmobiliario, su pasado cinematográfico volvió a despertar interés.
Interior de la histórica propiedad de Cape Elizabeth. La vivienda conserva elementos tradicionales de la arquitectura de Nueva Inglaterra, como revestimientos de madera, chimeneas y amplios espacios familiares.
Flores, jardín y una vida lejos de los focos
La relación de Davis con sus casas no terminó en los grandes jardines de su juventud.
En 1967 fue fotografiada en el porche de su vivienda de Los Ángeles, rodeada de flores y vegetación. Para entonces, la actriz había atravesado ya varias décadas de Hollywood, matrimonios, rodajes y mudanzas. Pero seguía existiendo una constante: el deseo de convertir la vivienda en un lugar propio.
Las fotografías domésticas de Davis permiten observar precisamente esa transformación. La estrella aparece leyendo, descansando, jugando con sus perros, cuidando sus plantas o simplemente sentada en su casa.
En 1986, ya en los últimos años de su vida, el fotógrafo Terry O’Neill la retrató en su apartamento de Hollywood. Davis aparece sentada junto a su escritorio, rodeada de fotografías, libros y objetos personales.
Bette Davis fotografiada en su apartamento de Hollywood en 1986 por Terry O’Neill. La imagen pertenece a la colección de la National Portrait Gallery británica.
Más de 75 casas y una misma idea de hogar
La historia inmobiliaria de Bette Davis podría parecer, a primera vista, una simple sucesión de direcciones. Sin embargo, sus casas cuentan algo más.
Desde la infancia en Nueva Inglaterra hasta los grandes domicilios de Hollywood, pasando por Malibú y la extraordinaria finca de Maine, la actriz buscó repetidamente aquello que parecía faltarle en sus primeros años: un lugar que pudiera sentir verdaderamente como suyo.
Sus preferencias tampoco cambiaron demasiado. Davis tenía predilección por las casas que recordaban a Nueva Inglaterra, por los espacios amplios y por aquellas viviendas en las que podía mantener cierta distancia respecto al mundo exterior. En sus memorias llegó a escribir que prefería casas de estilo colonial o inglés y que intentaba encontrar, incluso en California, algo que le recordara a su tierra natal.
Al final, las casas de Bette Davis forman una especie de autobiografía arquitectónica.
La niña que conoció demasiado pronto la inestabilidad familiar se convirtió en una mujer que coleccionó hogares durante toda su vida. Algunas viviendas apenas duraron unos meses; otras quedaron asociadas a matrimonios, hijos, éxitos profesionales o recuerdos familiares.
Y entre todas ellas destaca especialmente una: «Witch Way», aquella casa blanca frente al Atlántico donde, después de tantos años de mudanzas, Bette Davis encontró durante un tiempo algo parecido a la estabilidad que había buscado desde niña.
Bette Davis: las casas que marcaron la vida de una leyenda de Hollywood
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